Si el mundo es un pañuelo, nosotros que somos?
Una de cal, una de arena y se te caerá el revoque
En casa de herrero, vive un herrero
El que ríe último, no entendió el chiste
A mal tiempo, buen paraguas
Perro que ladra, no es afónico
No dejes para mañana lo que pueda hacer otro hoy
Agua que no has de beber, hazla hielo pa'l Fernet
Ladran Sancho, señal que son perros
Si un clavo saca otro clavo, que hago con la tenaza?
Cuando hay hambre, no hay nada en la alacena
El ojo del amo engorda el ganado... y la vaca le comió un ojo
Si el que las hace las paga, por qué las casas no la pagan los constructores?
Los mocos, son la Plastilina de los pobres

¿Sabrán Ellos?

Si tan sólo conocieran el barrio y las casas que tiran abajo, ni las tocarían por respeto a la historia del lugar y de quienes fueron sus habitantes.

Corría el año 1986 cuando los medios comenzaron a informar sobre un descubrimiento sensacional, se trataba de una sustancia extraída del veneno de víboras de cascabel que estaba siendo experimentado en humanos para tratar distintas patologías, entre ellas,  el Cancer.

Los artículos mostraban comentarios de pacientes que recibían dosis regulares de Crotoxina que, no solo se recuperaban, sino que habían abandonado los agresivos tratamientos de radioterapia y quimioterapia.

El origen de toda esta investigación era el Instituto de Neurobiología dependiente del Conicet, ubicado sobre la calle Serrano, en el corazón del porteño barrio de Villa Crespo. A la vuelta del mismo, sobre la calle Vera, se ubicaban las oficinas de los investigadores de este proyecto y era el lugar por el que desfilaban cientos y cientos de periodistas y numerosos móviles de radio y televisión, que  rodeaban el mítico Petit Hotel, aguardando algún comentario de los científicos.

Aquel proyecto colapsó, nunca más los medios se ocuparon de ver si todo aquello era real y si los pacientes se curaban, tampoco se ocuparon de fotografiar o filmar aquel Petit Hotel cuando quedó abandonado en la década del 90, luego ocupado por otros moradores, más tarde usurpado y finalmente desalojado.

Igual suerte corrió el Instituto de Neurobiología que se mudó de esa sede de la calle Serrano, dejando su fachada, como reparo de una par de personas en situación de calle, que hallaron ese lugar como su vivienda permanente desde hace años, sin que nadie haga algo por ellos.

Hoy, 25 años más tarde de aquel “descubrimiento”, ese lugar emblemático de Villa Crespo está siendo demolido para dejar lugar a un nuevo emprendimiento edilicio.

Es tal la devoción de los obreros para tirarlo abajo que me pregunto:

  • ¿Sabrán ellos la historia que albergaba ese lugar?
  • ¿Sabrán quienes habiten ese nuevo edificio que en el último piso funcionaba un serpentario?
  • ¿Sabremos nosotros la verdadera historia de la Crotoxina?
  • ¿Sabrán los diseñadores del proyecto inmobiliario que no es buena idea alterar la estética del barrio con semejantes adefesios arquitectónicos que jamás se insertarán en la historia, ni en la cultura ni en la tradición de este barrio?

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Pablo Rus
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